Los codices más bellos

Los Códices de Madrid l y ll

admin 11 mayo, 2015 Comentarios desactivados

Biblioteca Nacional de Madrid

CODICE 7

CODICE 2

CODICE 5

CODICE 1

CODICE 2

HISTORIA DEL CÓDICE

Cuando muere Leonardo da Vinci en 1519, quedan todos sus libros y papeles en poder de un discípulo, Francesco Melzi, que conservó amorosa y respetuosamente el legado en Milán. Pero la dispersión del legado vinciano llegará, se diría que inevitablemente, al morir el discípulo, lo que acontece hacia 1570. Pompeo Leoni, que permanece en Milán por los años 1582 a 1590, logra reunir un importante conjunto de cuadernos de apuntes y dibujos del genial toscano, que se traerá consigo a España. Tal vez los ofreciera a Felipe II para su biblioteca escurialense, pero ninguno fue adquirido.

Cuando Pompeo Leoni muere en Madrid, en 1608, continuaban en su poder los recordados manuscritos. Precisamente uno de los hijos del escultor los ofrecerá al gran Duque de Toscana, Cosme II de Médicis. Entre ellos figuraba el célebre Codex Atlanticus –actualmente en la Biblioteca Ambrosiana de Milán–, pero fueron rechazados por el asesor artístico del Duque. El conde Galeazzi Arconati, en 1622, adquiere dichoCodex Atlanticus y algunos otros manuscritos, donándolos poco después a la biblioteca milanesa antes citada. Antes de esta compra ya algunos de los manuscritos vincianos se habían desgajado del conjunto, adquiridos algunos por Thomas Howar, Conde de Arundel, recalando así en Inglaterra, y presumiblemente también se habían desprendido del conjunto los manuscritos que pertenecen a la Biblioteca Nacional de España. Precisamente el recordado Conde de Arundel trataría de adquirir, algunos años más tarde, concretamente en 1629, unos manuscritos vincianos en poder de Juan de Espina, tal vez comprados a Polidoro Calchi, el yerno del escultor Leoni, residente en Madrid, sin duda estos de que ahora nos ocupamos.

Disponemos de una información de Vicente Carducho, en sus Diálogos de la pintura3, acerca de libros manuscritos de Leonardo que dicho estrafalario y legendario personaje tenía en su gabinete de curiosidades, amén de indicarnos que había querido comprárselos Carlos Estuardo, Príncipe de Gales, el hijo de Jacobo I, cuando permaneció en Madrid durante seis meses, arribado inesperadamente al anochecer del 7 de marzo de 1623, aparentemente para solventar los obstáculos que se oponían a su matrimonio con la joven princesa María, hermana de Felipe IV, boda que por cierto no se llevó a efecto. Juan de Espina se resistió a la venta, tanto por la gran estima en que los tenía, como por el deseo de que a su muerte pasasen a las manos del Rey. Sin duda eso ocurrió en 1642. Hemos de suponer que pasarían a la Biblioteca Real en los primeros momentos, cuando se integraron en la misma los volúmenes de las diversas dependencias del palacio real, una vez resuelto, sin duda, el problema planteado por la acomodación de la ingente cantidad de volúmenes confiscados en las bibliotecas de los palacios de los aristócratas colaboradores del archiduque Carlos de Austria, cuando Felipe V logra su victoria sucesoria.

Dentro de la Biblioteca Real se procedió a reencuadernar y en ocasiones a desmembrar algunos volúmenes, hecho que ha incrementado las ya, de por sí, difíciles tareas de construcción retrospectiva de los primitivos fondos. Posiblemente en ese momento en que se procede a encuadernar estos dos manuscritos, en piel roja con hierros dorados, se incorporan a los mismos unas portadas, sin duda alguna redactadas por Juan de Iriarte […] Estas hojas que ejercerán de portadas funcionales, a partir de un determinado momento del siglo XVIII, ya acompañaban a los manuscritos originales, puesto que en el caso del Mss. 8937 existía una anotación previa, en letra del siglo XVII, tal vez de puño y tinta de un tasador de testamentaría, apuntando que la pieza era “de Leonardo da Vinchi pintor famoso”. En el Mss. 8936 también una mano previa había anotado el número de folios, información anulada con un adorno caligráfico cuando se escribe el texto de la portada funcional.

[….] A Carlo Pedretti se debe la denominación con la que suele aludirse, alternativamente, a los manuscritos Ms. 8937 y Ms. 8936: “Madrid Mss. I y II”6. Desde la publicación de la primera edición facsimilar, de 1974, la denominación vulgar es la de “Códices Madrid I y II”. La denominación precisa y propia, dentro y fuera de la Biblioteca Nacional, debe ser (debería ser), simplemente, la signatura topográfica recordada en el título: Ms. 8936 y Ms. 8937.

[….] Si examinamos con atención el volumen descubriremos que presenta páginas con parte del texto o con todo el texto invertido, y aunque sospecharíamos de inmediato que es consecuencia de un fallo de encuadernador, hemos de descartar tal suposición: la aparición invertida de texto en una página puede responder al propósito de Leonardo de diferenciar partes de texto dentro de una misma página. En los folios 86-98 podemos observar que diferencia por este procedimiento las notas personales de los resúmenes (también personales) de su lectura de un manuscrito de su propiedad, que ofrecía el texto de los “Tratatti di Architectura, Ingegneria e Arte Militare” de Francesco di Giorgio Martini.

Se completa el volumen con un último cuaderno totalmente irregular en su estructura, claramente diferente de los anteriores por el tipo de papel, aunque ni en éste ni en los cuadernos y hojas anteriores se muestre ninguna filigrana: la segunda parte formada por los folios 141 a 157, antes recordada.

En relación con el contenido del Codex Madrid I pueden diferenciarse claramente, como ya se ha adelantado, dos partes. En la primera parte –coincidiendo con la foliación normal– existen dibujos, y textos de mecanismos y sobre sus aplicaciones tecnológicas: relojes, molinos –Ladislao Reti ha apuntado la coincidencia entre los diseños vincianos y molinos instalados en esa época en Vigevano, en propiedades de Ludovico El Moro–, prensas, telares, ingenios hidráulicos, etc.

En la segunda parte –coincidente con la foliación inversa– el tema principal es la mecánica teórica –problemas de los movimientos producidos por el peso, la fuerza, el choque, etc.– pero igualmente existen notas sobre resistencia de materiales, hidráulica, etc. Aquí los dibujos tienen menor entidad, en ocasiones se trata de fugacísimos apuntes.

En 1967 se conoció el hallazgo de estos manuscritos en la Biblioteca Nacional de España. Ningún bibliotecario ofreció el necesario relato, inmediato y documentado. Pudo haberlo escrito Manuel Carrión Gútiez, pero resulta muy significativo su testimonio de algunos años después: En 1967 Guillermo Guastavino llega a la Dirección de la Biblioteca Nacional. Viene a cerrar el remolino abierto por el descubrimiento de loscódices matritenses I y II de Leonardo da Vinci, tras un acontecimiento que, se enjuicie como se enjuicie, podría no haber superado los límites de un suceso doméstico de la Nacional, pero que agitado por ambiciones de investigador, por el sensacionalismo de cierta prensa y por el aire mítico que rodea siempre el nombre misterioso de Leonardo, maduró hasta convertirse en un caos. A estas alturas ya ni es posible ni quizá necesario historiar ese caos.

El anuncio del hallazgo se produjo en un hotel de Boston el día 13 de febrero de 1967. El anuncio lo hizo Jules Piccus, estudioso ajeno totalmente a estos manuscritos por su especialidad e intereses. Manifestó que había encontrado en la Biblioteca Nacional, dos años antes, por casualidad, los dos manuscritos vincianos.

Las consecuencias inmediatas fueron que Miguel Bordonau Mas, el Director de la Biblioteca Nacional, cesó el 4 de abril de 1967, pasando a desempeñar la dirección del Archivo Histórico de Protolocos, y que José López de Toro se jubiló voluntariamente un mes y medio después del acontecimiento, el día 31 de marzo de 1967.

¿Habrá que rehabilitar algún nombre? No lo creo necesario. Han transcurrido ya más de 40 años desde aquel 14 de febrero de 1967, una de las fechas más infaustas de la historia secreta de la Biblioteca Nacional de España. Ya murieron los personajes centrales de tal story: Piccus, López de Toro, Reti, Bordonau, Paz, Corbeau. Pero no son los únicos personajes. La lista es mucho más larga. En la lectura del Report on the rediscovery of the Leonardo manuscripts in Madrid, prepared for the Executive Director of the Renaissance Society of America by Theodore S. Beardsley, Jr., Carlo Pedretti, and Paul Oskar Kristeller (chairman) saltan al paso algunos datos y sobre todo reflexiones de especial interés. [….] Se trata de una historia ferozmente humana:

[….] Ciertamente la fama de Leonardo da Vinci resultó abrasiva. Yo he cumplido mi propósito: señalar que los Mss. 8936 y 8937 de la Biblioteca Nacional de España han incorporado a su historia un acontecimiento fantasmal, morboso y recurrente; y lógicamente un dato (im)prescindible a su registro bibliográfico.

DOS MANUSCRITOS DE VALOR INCALCULABLE

En la Biblioteca Nacional de Madrid se custodian dos manuscritos de Leonardo da Vinci, fechados entre los años 1491-1493 y 1503-1505 que, a la vez que constituyen uno de los más preciados tesoros de sus fondos, son un material excepcional para profundizar en el conocimiento de uno de los mayores genios de la humanidad. Sin embargo, hasta hoy no habían sido estudiados en profundidad por especialistas en la materia ni realizado una edición crítica.

Hasta hoy, en 500 años no se había acometido el trabajo de realizar una edición crítica de los textos de Leonardo da Vinci pertenecientes a los manuscritos 8937 y 8936 de la Biblioteca Nacional de España. Hecho aún más sorprendente en tanto y cuanto estos manuscritos suponen más del 10% de todo el material escrito que ha llegado hasta nuestros días de Leonardo, repartido en 25 códices.

Los manuscritos conservados de Leonardo (digno sucesor de su estirpe de notarios, se calcula que a lo largo de su vida escribió unas 15.000 páginas, de las que se conservan aproximadamente 7.000, agrupadas con mayor o menor fidelidad en 25 códices) se custodian en ocho bibliotecas públicas; el único de propiedad privada es el Códice Leicester o Hammer, adquirido por Bill Gates. Nuestra Biblioteca Nacional posee dos: los manuscritos 8937 (Códice I) y 8936 (Códice II), designados a partir de 1967 por los especialistas bajo el nombre de Codices de Madrid, son obras que presentan características propias, a pesar de la autoría y temática común, por lo que requieren un tratamiento independiente.

Leonardo respeta en su creación una secuencia lógica que se refleja en sus códices. Interesados por las maquinas para las más variadas aplicaciones pronto descubre los mecanismos elementales en que se basan. Elabora cuadernos de notas que reflejan a modo de diario sus observaciones en orden temporal y “tratados” que explican el por qué (los principios físicos) y proponen como (procesos y métodos) o con que (componentes tecnológicos) para resolver de diversos modos el problema analizado.

MS. 8937

El Codice de Madrid I es un ejemplo de “tratado”. Se anticipa a las soluciones de siglos posteriores. Diseña y ensaya todo tipo de mecanismos que funcionan de modo similar a los componentes electrónicos de hoy.

Contiene el volumen un total de doce cuadernos formado cada uno por ocho bifolios. El resultado son dieciséis hojas por cuaderno, midiendo 222 x 155 mm. La foliación, que se debe a la pluma del propio Leonardo, comienza en la hoja que ocupaba el segundo lugar en el primer cuaderno (ya sabemos que actualmente ocupa el tercer lugar por llevar el manuscrito incorporada una hoja de guarda con el título caligrafiado por Juan de Iriarte). Leonardo había dejado en blanco la primera y la última hojas, sin duda como protección, aunque este propósito de dejarlas en blanco, que le era habitual, no lo respetaba a posteriori si tenía necesidad de espacio para incorporar otro apunte, como de hecho ocurre en este manuscrito.

MS. 8936

El Codice de Madrid II es un volumen misceláneo, ejemplo de “cuaderno”, con menor nivel científico. Aonda diversos temas: inventario de los libros de su biblioteca, de sus vestidos, trabajos emprendidos o gastos efectuados.

Nos encontramos frente a un volumen misceláneo, tanto desde el punto de vista cronológico como de contenido. El volumen está construido arbitrariamente, sin que quizás nunca podamos saber por quién, dónde ni cuándo. En principio podríamos individualizar dos partes: en primer lugar los folios 1 a 140; y como unidad aparte los folios 141 a 157. Era opinión casi comúnmente aceptada que Leonardo da Vinci se sirvió en esta ocasión de un volumen impoluto, formado previamente, del que se nos han conservado esos primeros 140 folios. La ausencia de foliación autógrafa tal vez se debiera al hecho de haberse destinado el volumen para escribir o anotar datos sueltos (la foliación del manuscrito, del folio 1 al 157, es de mano posterior, de la de algún poseedor, quizá de Pompeo Leoni).

Esta edición ha sido posible gracias al esfuerzo y generosidad de grandes especialistas, cuyos trabajos se presentan en tres volúmenes.

ESTUDIO HISTÓRICO-CODICOLÓGICO:

Dr. Julián Martín Abad,
Jefe del Servicio de Manuscritos e Incunables de la BNE

TRANSCRIPCIÓN, EDICIÓN CRÍTICA Y TRADUCCIÓN:

Profesora Doctora Elisa Ruiz
(Universidad Complutense de Madrid)

ESTUDIO BIOGRÁFICO DE LEONARDO Y CIENTÍFICO DEL CODEX MADRID I:

Prof. Dr. Fernando Torres Leza

(Universidad de Zaragoza)

ESTUDIO CIENTÍFICO CODEX MADRID II:

Dr. Fernando Cobos
(Experto en Arquitectura del Renacimiento)

C.Madrid

CARACTERÍSTICAS

  • Reproducción facsímil a todo color, con las hojas troqueladas.
  • Encuadernación manual en piel de cabra roja estampada en oro, que reproduce la encuadernación original de la Biblioteca Real (Madrid).
    Presentación: Estuche-caja en tela negra, con lomo estampado en oro.

Primer estuche:
Codex Madrid I (Ms. 8937)
“Tratado de estática y mecánica”
192 folios (384 págs.); formato interior: 215 x 145 mm.

Codex Madrid II (Ms. 8936)
“Tratado de fortificación, estática y geometría.

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